miércoles, 2 de junio de 2010

UNA NUEVA VIDA

Hace casi una semana que empecé a vivir de nuevo... A disfrutar con las cosas que me rodean y a darme cuenta de que la vida puede ser tan agradable como una siesta en el rascador.

El mes pasado, el que yo pensaba que era mi amo me abandonó sin darme explicaciones... Es verdad que desde hacia un tiempo nuestra relación había cambiado pero nunca imagine que llegaría al punto de romperse de ese modo. Una mañana me cogió en brazos (¡qué sensación tan agradable!) y de repente me metió en una mochila y cerró la cremallera. Allí dentro se estaba muy oscuro y no podía moverme; los bigotes se me enredaban y me pisaba la cola. Además me movía de un lado para otro sin saber donde estaba... No sé si paso mucho tiempo o no, sólo sé que a mí se me hizo eterno. Yo maullaba nervioso pidiendo auxilio... ¿Quizá no se había dado cuenta de que yo estaba dentro? ¿Tal vez me había confundido con un peluche? De pequeño me lo repetía tantas veces cuando me acariciaba mi tripita...

La marcha se detuvo. Sentí como la mochila se apoyaba en suelo firme. Entonces la cremallera se abrió. ¡Por fin luz y algo de aire fresquito! Un empujón me obligo a salir de allí dentro. El suelo estaba sucio y en el aire había un olor extraño para mí. Me quedé inmóvil. No sé por qué pero estaba asustado... Todo aquello era extraño para mí. Cuando me di la vuelta para buscar refugio en mi amo ya no estaba allí. Lo llame timidamente... Luego un poco más fuerte... Nada. Estaba solo.

 Los primeros días esperé su llegada, tenía fe en que volvería a por mí, quizá se hubiese perdido y no sabía cómo encontrarme... Después, todo me fué indicando que lo que yo pensaba no era así... Pero jamás me arrepentiré de todo lo que yo le quise. Porque el cariño que yo le profesé desde que era un bebé fue verdadero. Y porqué ahora sólo quiero conservar en mi mente los buenos recuerdos que pude tener de él.

Dónde me dejó era la calle. Esas cosas que yo podía ver desde mi ventana todos los días... Árboles, papeleras, un montón de niños detrás de una verja, pájaros volando... Pero lo peor de todo era que allí se asentaba una población de gatos. Era horrible, todos callejeros, se comportaban como bestias. Alguna vez tuve contacto con unas gatitas muy amables de la colonia pero por lo general, se portaron muy mal conmigo. Se burlaban de mí y me arañaban. Me hicieron mucho daño, parecía que les divertía aterrorizarme. No me dejaban acercarme a comer y el agua era díficil de conseguir.

Una mañana lluviosa me miré en el reflejo de un charco. ¡Qué visión tan espantosa! Estaba sucio, feo y lleno de nudos. Me di vergüenza a mí mismo. Dejé de cuidarme, ya no me limpiaba el que fue mi suabe y brillante pelaje. Me acurruque en un rincón y decidí esperar a lo peor.

En estas circustancias me encontraba yo cuando unas manos se acercaron y acariciaron mi cuerpecito. Entre abrí mis ojillos color miel y me pareci´ver a mi amo. ¿Había venio, estaba allí conmigo? Oí una voz que decía "Pobre gatito..." Y aunque no la conocía me sonó familiar. Ese hombre era Loren. Mi salvador. El que me delvolvió a la vida y hasta me dió su nombre.

Loren me entregó al grupo de Zaragatos que se encarga de cuidar y ofrecer en adopción a muchos gatitos como yo. Pasé unas semanas muy agradables en casa de Montse. Era una señora muy dulce y agradable. Me comprendía tan bien que a veces llegue a pensar que era un poco gata...Un día me dijo que me habían encontrado una familia y que pronto vendían a por mí. Yo no entendía muy bien a qué se refería... ¡Mi casa era aquella! Y yo no me quería ir a ningún sitio.

Una tarde sonó el timbre de casa y dos chicos que nunca había visto entraron con un trasportín vacio. ¿Tendrían que ver algo con esa nueva familia de la que Montse hablaba?

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